Espejos y ventanas

Es un consejo que escuché un día a un amigo: “Hay  que convertir los espejos en ventanas”.  Pues sí,  en ocasiones no rodeamos de espejos en los que nos contemplamos y analizamos desde todas las perspectivas. Todos reflejan la misma imagen, situada en el centro: la nuestra; pero ¿qué hay al otro lado del espejo?: la realidad, con sus luces y sus sombras, de la que nosotros formamos parte y en la que, quizá, tenemos un papel distinto al que nos hemos atribuido.

También en el mundo de la empresa. Hay quien pierde la perspectiva del mercado, del entorno. Quien piensa que es éste el que tiene que adaptarse a él, a su idea de negocio. Si fracasara la culpa es del mercado, o de la competencia, o de la Administración, nunca suya, él lo tenía muy claro

Transformar los espejos en ventanas exige una considerable dosis de audacia y fortaleza. Supone exponerse al juicio de los demás y estar dispuesto a modificar  nuestra estrategia –si la hubiera- en caso necesario.

Dejar de contemplarnos, abrir ventanas, dejar entrar por ellas el aire de la calle, los olores y los colores, las penas y alegrías de los demás, de forma activa, pendiente de todo aquello que puede ayudarme a  mejorar: como persona y como empresario, y de ayudar a los demás, que es la mejor forma de ayudarme yo.

03.10.2011

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