Empresas Románticas


Se podía intuir; pero ya hay evidencia empírica. La mayor causa de rupturas matrimoniales no es la infidelidad, sino el aburrimiento, el manido “se nos ha terminado el amor”. La consultora Grant Thornton, en el Reino Unido, ha publicado un estudio en el que, tras entrevistar a 101 abogados de familia, llega a esa conclusión (http://www.grant-thornton.co.uk/).

No entro ahora  a analizar en profundidad el tema, sólo apuntar que una relación matrimonial basada exclusivamente en el sentimiento es tremendamente frágil y con fecha de caducidad. Además del sentimiento, imprescindible para comenzar, también hay que impulsar y desarrollar buenas dosis de inteligencia y voluntad. Inteligencia para comprender cuáles son los vínculos, compromisos y fines del matrimonio, más allá de la emoción de los primeros meses y voluntad para saber mantener la lealtad a los compromisos adquiridos libremente, aún cuando el mantenimiento de estos compromisos atraviese etapas de dificultades. Según la etapa de la vida, cada una de estas características adquiere un mayor protagonismo; pero siempre ha de haber una sabia combinación de las tres, en proporciones variables. El amor no se mantiene sólo, hay que trabajarlo día a día, para conservarlo, protegerlo y aumentarlo.

Todo esto viene a cuento de que esa misma relación interpersonal que se establece en el matrimonio se crea también en las relaciones de una empresa con sus clientes. Sus fines son algo distintos, evidentemente, pero en el fondo son relaciones entre personas en las que éstas se han de involucrar plenamente. ¿No puede introducirse el aburrimiento también en las relaciones cliente-empresa en algunos casos?

El inicio de una relación comercial siempre supone algo de ilusión. El cliente espera ver colmadas sus expectativas y el proveedor aspira a superarlas. Cuando lo consigue  la relación se afianza; pero llega un momento en el que la empresa ya considera al cliente como algo propio, que  le pertenece, al que no tiene que sorprender y conquistar cada día, y dedica sus mejores esfuerzos a conseguir nuevos clientes a los que ilusionar, descuidando a quienes llevan años ayudándole a cubrir sus gastos fijos y a aportarle beneficios.

No son sólo razones comerciales, que también: el coste de adquisición de un cliente nuevo es mayor que el de mantenimiento  de los ya existentes. En las relaciones con nuestros clientes de toda la vida cuentan, además, la inteligencia y la lealtad. Inteligencia para mantener su interés mediante la creación de más valor en nuestros productos/servicios. Lealtad con quienes  llevan tiempo siendo fieles a nuestro producto/servicio. Como en el matrimonio, hay que esforzarse en reconstruir cada día la relación, con nuevas propuestas; pensar en cada uno de ellos, en sus necesidades,  aún en las no percibidas,  y la forma de cubrirlas

Hay empresarios que reproducen el mito de Don Juan Tenorio: seducir, para luego abandonar e ir en busca de otra conquista. Marañón ya advirtió que Don Juan era un personaje tan débil como miserable, y terminó mal.

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