La familia ¿remedio a la crisis?

El pasado viernes me invitaron a dar una conferencia sobre “La Crisis Económica”. Acepté con una condición: cambiar el título por otro más exacto: “La familia ¿remedio a la crisis?”

Hasta hace poco tiempo, apenas tres o cuatro años, parecía  que éramos felices y ricos. Los bancos repartían dinero; se compraban viviendas en la ciudad y en la playa; vacaciones en el Caribe; lo que a cada uno se le antojara. Pero de repente todo se ha venido abajo y ahora resulta que no éramos ricos; que no hay dinero para pagar los préstamos; que hay mucha gente –demasiada- en paro, y que la alegría se ha transformado primero en sorpresa y luego en desolación y tristeza.

¿Qué ha pasado?, las respuesta fácil es “que la cosa está muy mala”, “que la economía se ha hundido por culpa de los bancos” y otras por el estilo. Esa es la respuesta fácil; pero no la correcta.

Que existe una crisis económica es innegable; pero no es la única, hay también una crisis cultural,  familiar, educativa, política, ética, empresarial, religiosa, de creatividad y algunas cosas más. La económica es sólo una de las diferentes crisis que se han abalanzado sobre nosotros en tromba; pero no es la única, ni la más importante. Por eso tratar de arreglar sólo lo económico no es la solución. Cuando llega un accidentado a Urgencias los médicos tienen que identificar cuál es la lesión más grave y tratar de resolverla la primera. Aquí lo mismo. La  crisis  económica no es “la crisis” por antonomasia,  es sólo una de las manifestaciones de una crisis global.

Existe una relación muy estrecha entre cultura y economía.  La calidad de la economía depende de la calidad de las personas y éstas de la calidad de la familia en la que se forman y educan. En consecuencia la calidad de la economía depende de la calidad de la familia.

 Si queremos mejorar la economía habrá que empezar por el principio: mejorar la familia. Si la familia no transmite una serie de valores básicos como son el esfuerzo, el ahorro, la prudencia en el gasto, la laboriosidad, el gusto por el trabajo bien hecho, el trabajo en equipo, la generosidad, el afán de superación y algunas cosas más, difícilmente arreglamos la economía. Si no forma personas, difícilmente podrá mejorar la sociedad y, consecuentemente, la economía

Parafraseando a Clinton, hoy  habría que decir “No es la economía, estúpido, es la familia”.

 

 

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