Cómo mejorar la Reputación Institucional en Internet

Galería

Esta galería contiene 1 foto

          Se acaba de celebrar en Sevilla un Jornada sobre “Cómo mejorar la Reputación Institucional en Internet”, organizada por la Fundación Estudios de la Comunicación.  El tema no puede ser más actual. Hasta hace poco tiempo la reputación, la imagen … Sigue leyendo

Nuevos consumidores

             Una noticia, aparentemente intrascendente, recogida en la prensa generalista explica que Telefónica ya no regala móviles nuevos como premio a quienes contratan sus servicios, o como medida disuasoria a quienes piden la portabilidad para marchar a otra compañía. Ahora te compran tu móvil usado, que luego venderán a nuevos usuarios, a bajo precio.

A alguien le podría resultar extraño que Telefónica entre en ese segmento de mercado de tan bajo nivel. A mí me parece lógico: esto no es un reflejo de la crisis económica, sino de los cambios de hábitos y  usos comerciales que está ocasionando.

            En alguna ocasión ya hemos comentado que una de las consecuencias de esta crisis iba a ser el cambio de mentalidad. Pasar de un consumo indiscriminado, casi compulsivo, a unas decisiones de compra mucho más meditadas en las que el precio sería un criterio decisivo.  También decíamos que el consumo sería más reducido, prescindiendo de muchas compras que, ahora, se ven innecesarias.  Ésa es la nueva realidad y a ella hay que ajustarse. Tratar de prolongar la situación anterior imaginando estrategias imposibles  es la mejor manera de suicidarse.

            No sólo son los teléfonos móviles, también en un sector como el farmacéutico, que parece que debía estar al margen, puesto que –se supone- son productos de primera necesidad, llegan los recortes y modificaciones en los hábitos de consumo. El año pasado el gasto farmacéutico público retrocedió en un 8,8% y el precio medio de la receta cayó en un 10%. Esta situación no es conyuntural, sino irreversible. En consecuencia el sector de oficinas de farmacia  tiene dos alternativas: aceptar resignadamente la disminución de ingresos y de margen, o reinventar el sector para adaptarlo a la nueva situación, que no vamos a calificar de mejor o peor que la anterior; simplemente es distinta.

            La pregunta inmediata es que cómo se hace eso; pero la respuesta a eta pregunta ya no me corresponde a mí darla. Cada uno sabrá cómo ha de repensar todos sus procesos. Si no se le ocurre nada que mire a su alrededor:  ¿qué están haciendo otros sectores u otras empresas? Es lo de siempre: aprender de los mejores.

No se preocupe, seguiremos hablando de este asunto.

VALOR COMUNICADO


              Me escribe un señor, que se reconoce “lector asiduo” de esta columna, para comentarme que ha observado cómo en los últimos artículos me despego del día a día, de la actualidad, para hablar de temas más de fondo y, por tanto, más intemporales.     Que alguien se identifique como “lector” ya es motivo de satisfacción; pero si encima dice que es “asiduo”,  le estoy tremendamente agradecido por  el refuerzo que eso supone para  mi autoestima.

            Efectivamente la actualidad económica está movida. No decae el ritmo de empresas que presentan concurso; como consecuencia el paro aumenta –ya se estima en un 31% en Andalucía-; los casos de corrupción se suceden con una cadencia frustrante y la proximidad de las elecciones autonómicas hace que la demagogia lo invada todo. Motivos suficientes para elaborar no una columna, sino el Partenón.

            Pero no me quiero dejar llevar por el día a día. Creo que, precisamente en estos momentos de efervescencia económica y política, donde las noticias se van tapando unas a otras, es más necesario que nunca distanciarse, reflexionar un poco sobre lo que hay debajo de ese ritmo frenético de sucesos económicos y tratar de encontrar las claves que nos ayuden a salir del atolladero. El problema es que para eso es necesario reflexionar y no parece que haya mucha gente decidida a hacerlo; los políticos desde luego no.  Sin embargo hay que reconocer que somos más de lo que vivimos en el exterior. Hay que aprender, por tanto, a descansar en sí mismos,  a reflexionar,  a ponderar los acontecimientos. Nadie se puede construir sólo con la información de los telediarios, las tertulias  y  la prensa. Es necesario un análisis de la realidad en base a unos criterios previamente elaborados.

           Ahora más que nunca es imprescindible que esa necesaria ponderación se traslade también a la empresa, a mi empresa. Saber reflexionar sobre la identidad de mi empresa en tiempos de cambio. Identificar qué es lo que se puede cambiar y lo permanente, lo que realmente aporta valor, que no tiene por qué ser un producto o servicio, sino una habilidad, unos conocimientos o una actitud que pueden trasladarse a mercados bastante diferentes del actual.

                Ir más allá de la Cuenta de Resultados,  ésa es hoy una de las tareas importantes del empresario: reflexionar para identificar y definir cuál es el valor que proporciona su empresa y comunicarlo. Dos elementos clave: valor comunicado. A la reflexión se añade la comunicación, que no es propaganda convencional, del tipo “compre mis productos”, sino crear una imagen pública, una reputación basada en el valor que realmente transmite la empresa. Esto, que se ve muy bien en las empresas de servicios –que, en definitiva,  venden seguridad, confianza, calidad de vida,  etc.- también es aplicable a las cualidades que se asocian a un determinado producto.

               Pero ¿eso no es lo que hacen vienen haciendo las empresas de publicidad?, hay anuncios de coches que ya no describen las características técnicas, sino las emociones que un vehículo de esa marca puede provocar. De acuerdo, pero ahora hay que dar un paso más. Poner el foco no  en el producto o servicio, sino en las personas que lo han de comprar, o consumir, y a las que tiene que servir no sólo para satisfacer una necesidad más o menos importante, sino para facilitarles un mejor vivir como personas, desarrollando su ser personal.

          Me temo que, con estos planteamientos, puedo perder a “mi lector asiduo”, por no ofrecer soluciones concretas, de aplicación inmediata y resultados garantizados; pero a estas alturas no voy a asumir  planteamientos marxistas (Groucho) del tipo: “estos son mis principios; pero si no le gustan tengo otros”. Sigo convencido de que las empresas son organizaciones de personas y que, por tanto, hay que analizarlas desde una perspectiva antropológica. Claro que esto no casa en absoluto con el pelotazo, el éxito rápido, la subvención y la economía de suma cero; pero el panorama que tenemos después de años de mantener ese modelo nos dice que ése no era el camino. Hay que conseguir otro Oscar por “volver a empezar”; pero ahora partiendo de un fundamento distinto: el que tiene como centro a la persona, considerada en su integridad.

             En nuestra próxima cita en esta columna ya conoceremos los resultados de las elecciones andaluzas. Será el momento de comentarlos y trazar planes de futuro.