POPIELUSZKO. La libertad está en nosotros. (Lecciones de liderazgo)

Si lo que le apetece es ir al cine, para ver una película entretenida y luego  merendar,  le recomiendo que no vaya a ver “Popieluszko. La libertad está en nosotros”. No es una película para pasar una tarde más o menos divertida, sino para plantearse algunas reflexiones.

Con una técnica narrativa muy escueta, sin concesiones, presenta la historia del sacerdote polaco Jerzy Popieluszko, convertido, sin pretenderlo, en líder de la revolución polaca encabezada por el sindicato Solidaridad.

La película tiene muchas lecturas, aborda muchos temas. Presenta cómo la nación polaca sobrevivió a la destrucción del Estado polaco: durante doscientos años Polonia desapareció como Estado, fue descuartizada, repartida, aniquilada; pero sobrevivió como nación a través de su lengua, su literatura, su música y, especialmente, a través de su religión.  También  expone la fuerza de la sociedad civil, capaz de derrumbar a un régimen como el soviético. Plantea la imposible continuidad en el tiempo de los regímenes políticos, o de las organizaciones, basadas en el miedo y la delación. Y la fuerza de la Fe, que da sentido y  plenitud a la persona.

Pero como  estamos en un blog que trata, en un sentido amplio, de temas empresariales, lo que querría destacar ahora es el sentido profundo del liderazgo del protagonista de la película.

Líder es quien hace mejorar a otros;  quien, con su ejemplo,  es capaz de sacar lo mejor de los demás. El liderazgo no se consigue aplicando determinadas técnicas. Es más, en muchas ocasiones los auténticos líderes llegan a serlo  sin pretenderlo. Es el caso de Popieluszko. Por azar tuvo que ir a celebrar  Misa para los obreros encerrados en una fábrica de acero, en Varsovia. Fue el comienzo de una serie de intervenciones y de sermones que fortalecieron el espíritu de lucha y resistencia de los polacos. En poco tiempo se convirtió en una de las cabezas visibles del movimiento de resistencia polaco. Se encuentra cómodo en su papel de  líder  político, aupado por unos seguidores cada vez más numerosos y entusiastas.

Es entonces cuando Popieluszko pasa unos días en las montañas, para reflexionar,  en un singular retiro espiritual. Allí concluye que él «lucha contra el mal, no contra sus víctimas». Esta idea, tan sintética, será desarrollada unos años más tarde por su compatriota Juan Pablo II en su libro “Memoria e Identidad” (2005),  en el que desarrolla un análisis crítico, desde el punto de vista filosófico, de los dos grandes males que han marcado el siglo XX: el nazismo y el comunismo. El mal, cuyo causante y víctima a la vez es el hombre, desde el comienzo de su historia.

A partir de aquí su liderazgo se sublima: “La libertad está en nosotros”, concluye Popieluszko,  comprende el sentido profundo de la libertad, entendida no como una conquista personal, sino como un don gratuito. La expresión de la libertad es depender por amor de aquello que amamos y la máxima libertad para el hombre, por tanto, es amar a Dios, depender de Él por amor. Es esa corriente de amor –ahora de Dios hacia los hombres- la que sustenta el misterio de la Redención y de la Pasión.

Y hacia su pasión particular se encamina Popieluszko a partir de ese momento.  Su liderazgo se hace más profundo, se despega de  las vicisitudes políticas del día a día y va a la raíz de la Libertad; por eso se hace más peligroso para el régimen comunista. Ya no se trata de derribar un régimen, de lo que se trata es de que sus compatriotas reconozcan su libertad interior, la que dota a la persona de su especial dignidad.  Eso es imparable, mucho más profundo y letal para el régimen comunista que una revolución política. Por eso lo persiguen torturan y asesinan, en octubre de 1984,  y por eso su muerte tiene tanta trascendencia para el pueblo polaco, que alcanza comprender la magnitud de su liderazgo. Más de 250.000 personas asistieron al funeral del sacerdote. El régimen comunista entró en una deriva descendente que terminó con su caída definitiva en 1989.

 Por analogía el verdadero liderazgo empresarial no es el que se basa en técnicas de comunicación o de dinamización de equipos de trabajo. Es más profundo,  se dirige a conseguir que la persona mejore como persona, que se despliegue en su integridad.  Para eso tiene que ponerse en juego uno mismo. Eso es lo que significa ser líder  y es ahí donde hay que centrar los esfuerzos. No es que no haya que preocuparse de la Cuenta de Resultados, naturalmente que sí, lo que ocurre es que la mejor manera de hacerlo es centrándose en las personas, que son las que han de obtener esos resultados.

Ahora que ya sabe lo que puede esperar de ella sí le recomiendo que vaya a verla. Le interesará, le conmoverá y le ayudará en la gestión de su empresa, y de su vida.

“Vivir para siempre”

No soy entendido en vinos. Cuando pruebo alguno mi única apreciación es: me gusta, o no me gusta. Me asombra, y respeto, a quienes son capaces de apreciar en un vino que «su boca es potente, con notas de frutas confitadas con evocaciones tostadas que realzan su volumen».  Lo mismo me pasa con el cine. Hay películas que me emocionan, otras me divierten, otras me interesan o me inquietan, y las hay que me aburren; pero nunca he leído Cahiers du Cinéma (la revista de culto de los cinéfilos), ni cronometro la duración de las secuencias. Mi lista de películas favoritas es posible que no coincida con la de los grandes críticos; pero tampoco me preocupa, entre otras cosas porque tampoco ellos coinciden entre sí.
            Con esos antecedentes personales, acabo de ver una película que me ha emocionado, inquietado e interesado, al mismo tiempo: “Vivir para siempre”, además tiene grandes aplicaciones en la actividad empresarial.
            No es una película cómoda de ver, te implica. No es para pasar una tarde entretenida en el cine.  El argumento –que cuento a muy grandes rasgos en atención a los que vayan a verla- es simple: un niño de doce años, afectado por una grave enfermedad, decide hacer un vídeo-libro, en el que refleja sus impresiones sobre la vida y la muerte, y  nos cuenta cuáles son sus deseos, sus metas. Tan sencillo como eso, y tan profundo.
            Ya el mensaje publicitario que acompaña a la película es sugerente: “persigue tus sueños, cada minuto cuenta”: Dicho de otra forma,   cuando se trabaja de forma inteligente, intensa y continua por unos objetivos, las cosas suelen salir adelante; quizá no de la misma manera que habíamos imaginado, a veces incluso mejor.
            Nuestro protagonista, Sam, no tiene miedo a la muerte,  la afronta con una serenidad desarmante, porque no la ve como un fracaso, sino como una apertura a nuevas oportunidades. Ese es, también, uno de los ingredientes con que tiene que contar el empresario: la posibilidad del fracaso, con la convicción de que el fracaso no es el fin, sino la oportunidad de emprender nuevos caminos. “Dios hace que las personas enfermen para que sean mejores; aunque no lo entienda”, nos explica. Eso cuesta. Cuesta aceptar el fracaso,  en primer lugar, y cuesta superarlo. Hay que esforzarse por subir las escaleras mecánicas que bajan, como hace el protagonista. Subir por las que suben no tiene mérito, es lo que hacen todos. Las empresas que salen adelante son las que no siguen el camino fácil, las que emprenden nuevas vías, se caen, bajan, y lo vuelven a intentar.
            No todo es maravilloso, claro que hay momentos de hundimiento. En uno de esos momentos Sam se abraza a la madre y, juntos, lloran hasta desahogarse por completo. Y después a reemprender la tarea. Yo desconfío de los súper directivos agresivos que dicen que nunca se vienen abajo. Es mentira. Lo preocupante no es un desánimo circunstancial, eso nos pasa a todos, sino no tener con quien compartirlo: eso es lo que agota la capacidad emprendedora.
            Nuestro amigo Sam está enfermo, pero no quiere ser el centro de atención: “Odio que la gente finja que se preocupa por mí”: Todo lo contrario: “Sólo quiero observar a papá y a mamá”. Cuando el empresario se cree el centro del mercado, en lugar de poner en el centro a  sus clientes, empleados y proveedores, la empresa empieza perder el rumbo. Porque el emprendedor se jubilará, la empresa pasará a otras manos –o cerrará- pero la vida seguirá, aunque yo ya no esté en el mercado, y lo más importante: no pasará nada, no se provocará ninguna catástrofe económica.
            Lo más importante: para cumplir sus deseos (de la misma manera que el empresario para  conseguir sus objetivos) nuestro amigo  hace tres cosas: fijarlos claramente, poner los medios y confiar en las personas adecuadas. Quizá no en las que más me halagan, sino en las que más me quieren, aunque me exijan. Por eso la plenitud del  triunfo -para Sam el Cielo- es poderlo compartir con mi equipo –él con sus padres- que son los que me han llevado hasta ahí.
            Una sugerencia, no lea las críticas –yo no lo he hecho-,   a lo mejor incluso hablan bien de la película, sería lo lógico; pero aquí  lo importante no son las técnicas de comunicación visual y la dirección de actores. Hay otra forma de acercarse a ella: dejarse llevar por la magia de un niño, apenas un adolescente, que va abriendo caminos para recorrerlos en el desempeño de la tarea empresarial. Aprovéchelos.
10.11.10