¿Aumentar la productividad?

            Son los nuevos tópicos. Cuando un político quiere hacer un discurso sobre la situación actual siempre termina metiendo dos o tres palabras clave: productividad es una de ellas, también se utiliza lo de economía sostenible,  innovación  o cambio del modelo productivo. He dicho que se utilizan palabras, no conceptos, esto ya requeriría elaborar una opinión fundamentada en un modelo  coherente de lo que es la economía y la sociedad. A eso los políticos no llegan, bien por incapacidad o por que no es rentable a corto.
            Pero la productividad es, realmente,  uno de los problemas de nuestra economía. El diagnóstico es acertado, pero ahora falta el tratamiento y éste no se puede establecer por decreto, es algo mucho más personal, depende de cada uno.
            Aún sin ser economistas todos tenemos una idea más o menos intuitiva de los que es productividad: la relación entre el valor de lo producido y el coste de los recursos empleados para su producción. Normalmente el principal coste es de  personal, luego para aumentar la productividad sólo hay dos caminos: bajar los costes del personal o que éste produzca más en el mismo tiempo. Hay también un tercero, que es la suma de los dos anteriores.
            Aquí empiezan los problemas, porque ésta es una cuestión en la que se tienen que implicar empresarios y trabajadores – o mejor empleadores y empleados, porque los empresarios también son trabajadores, y sin convenio-.  La forma de hacerlo pasa, necesariamente, por cambiar algunos conceptos sobre la empresa y el trabajo que han ido echando raíces en los últimos años, como las malas hierbas.
            Si el trabajo se considera sólo como un paréntesis entre dos fines de semana, necesario para obtener los recursos que me permitan vivir y disfrutar de mi ocio, va a ser difícil prestarse a cualquier esfuerzo suplementario que no tenga una retribución inmediata.  En otras palabras, si el aumento en los bienes o servicios  producidos ha de verse compensado por un aumento proporcional de los costes, nunca habrá aumento real de la productividad. Un aumento de la producción con  el mismo coste, o inferior, no se plantea desde los números, sino desde la ética.
            Al llegar aquí seguro que hay quien piensa que si la ética no es rentable a corto plazo mejor no complicarse la vida y acudir directamente al ERE para rebajar costes. Pero el planteamiento es otro: esta crisis no se resuelve mediante fórmulas económicas, sino mediante actitudes personales. La ética, los comportamientos éticos, el convencimiento de que empleadores y empleados tienen que reformular muchos de sus planteamientos, adecuándolos a su realidad como personas, no tiene asignada una cuenta en el Plan General Contable –ni en el anterior ni en éste- , pero es inevitable para mejorar la empresa. Una empresa es una organización de personas, cuanto mejores, más conformes a su naturaleza, sean las personas, mejor será la organización y mejor será su productividad.
            Claro que para esto hay que tener el convencimiento de que la persona tiene una naturaleza propia a la que debe ajustar su comportamiento; pero cuando se han dedicado tiempo y medios a tratar de imponer a la sociedad   la verdad absoluta de que no hay verdades absolutas -¿recuerdan el “mantra” presidencial de que no es cierto que la verdad nos hace libre, sino que es la libertad la que nos hace verdaderos?- es inevitable el deterioro de la sociedad, de las personas, y este deterioro se traslada a todas las organizaciones sociales, la empresa entre ellas.
            Cuando un edificio presenta  grietas que afectan a su estructura, la solución no es tapar las grietas y pintar, hay que rehacer la estructura. Nuestra estructura social se sanea recuperando una serie de valores y adecuando a ellos nuestro estilo de vida. En el mundo de  las empresas la dimensión externa de las mismas es reflejo de las  capacidades internas de quienes tienen que sacarla adelante, en primer lugar de sus directivos.
            ¿Tan difícil es explicar y entender todo esto? Explicado ya está, para entenderlo sólo hay dos caminos: o se asume libremente y se actúa en consecuencia, o la realidad  se impondrá y habrá que someterse a ella. Mientras, los partidos políticos y los representantes de los autodenominados “agentes sociales”, seguirán empeñados en discusiones bizantinas.
09.03.10

Hablando Claro

            Me lo contó, hace ya bastantes años, un amigo médico que pasaba sus primeras consultas, recién graduado, en el servicio de ginecología de un hospital. Se presentaron el padre y la madre, con cara seria, acompañando a la hija, de unos dieciocho años. Después del oportuno reconocimiento resultó que la niña estaba embarazada. El médico era la primera vez que se tenía que enfrentar a unos padres para darles esa noticia y, además, la cara del padre no presagiaba nada bueno. Así que, para suavizar el trago, les dijo algo así como: “Su hija está embarazada, pero no se preocupen, es muy poco”.
            Esa es la misma actitud de los responsables económicos. No se habla de subida de impuestos, sino de “reajuste fiscal”; antes no había crisis, ahora ya hemos pasado lo peor – por lo que se ve ha sido muy rápida-; lo importante no es frenar el paro, sino dar subsidio a los parados; para resolver el problema económico lo importante no es tomar medidas, sino manejar la comunicación. Así  van pasando los días y los meses, ya se sabe, esto son ciclos y nunca pasa nada. Se trata de resistir.
            Afortunadamente no tengo ninguna pretensión política, por lo que no estoy limitado por los dogmas de lo políticamente correcto. Esperaba la presentación de los Presupuestos Generales del Estado, para ver cómo se orientaba el próximo ejercicio 2010 y, visto lo visto, lo único que se me ocurre es recomendar al empresario andaluz –y al del resto de España- que se apresure a poner en marcha un plan de emergencia si quiere sobrevivir.
            No va a ser un buen año, por más que se empeñen en decir que lo peor ya lo hemos superado. ¿Se acuerdan de la puesta en marcha del Plan E?, iba a crear empleo coyuntural hasta el otoño y, para entonces, ya habría comenzado a repuntar la economía y a crearse empleo. Estamos ya en otoño y a las pruebas me remito.
            ¿Cuál es el plan de emergencia? Sería tan pretencioso como inútil intentar esbozar un plan universal para todas las empresas. Me limito a sugerir algunas líneas maestras que cada empresa tendría que adaptar a su especial situación.
            Los dos primeros males a atacar son la falta de productividad y la competitividad. En épocas de bonanza y abundancia de liquidez  muchas empresas han engordado su nómina; ahora toca adelgazarla. Sé que no es plato de gusto para nadie, ni para el empleador, ni, mucho menos, para el empleado. También la amputación de un miembro es dolorosa, pero necesaria si se quiere salvar la vida. Los expedientes de regulación de empleo están para eso: para regular el empleo en una empresa, con el fin de garantizar la supervivencia de la misma. A  alguno le podrá parecer un sarcasmo; pero una reducción de plantilla necesaria, es un ejercicio de sostenibilidad y de responsabilidad social.
            Pero de poco serviría ese proceso si, al mismo tiempo, no se tocan otras teclas. A situaciones nuevas, nuevos modelos de gestión: eso se llama Innovación. Innovación en los mercados, estamos en una economía global en la que el fabricante de baterías de Corea compite –y desplaza- al fabricante local en su mercado; mi mercado también es global. Innovación en los productos, eso lleva a separarse de los sectores intensivos en mano de obra poco cualificada, donde sólo se puede competir en precio, y desplazarse hacia otros con mayor valor añadido en los que la base es el conocimiento, y si no tenemos esos conocimientos en la empresa se “compran” . Ahora es el momento de hacerse con empleados excelentes que buscan trabajo. Innovación, por último, en los procesos, externalizando, o compartiendo, todos los procesos imaginables –y aún los inimaginables-, transformando costes fijos en variables y ganado en eficacia. ¿Por qué no externalizar  -o compartir- el departamento de administración y finanzas, o la fuerza de ventas, o el desarrollo de nuevos productos? Ya sé que resulta novedoso; pero la situación también es novedosa.
            Tendríamos que hablar también de cómo innovar en marketing, o en distribución, o en gestión de compras y almacén, o en producción, compartiendo capacidades productivas  ociosas con otras empresas
            Todo esto no es un plan de empresa. Sólo son sugerencias para abrir perspectivas a aquellos empresarios que no se resignan a quedarse sentados, mirando fijamente a ver si aparecen los famosos brotes verdes. Pero para eso  antes hay que plantar una semilla y regarla y aquí la Administración todavía está buscando la  simiente.  Una vez más, o el empresario gestiona su  propia supervivencia o tiene los días contados.
13.10.09