EMPRESAS SUBMARINO

 

Al hablar de empresas submarino no me estoy refiriendo a las que están instaladas en la economía sumergida. Esas que se mueven habitualmente por zonas profundas,  a las que no llegan los radares de la Administración. Es otra la idea que me ronda: la similitud entre los conceptos de estructura y gestión de las nuevas empresas y los de los submarinos.

Los submarinos tienen una estructura externa y un modelo organizativo en el que todo está orientado a la consecución de sus objetivos. No hay nada superfluo: zonas de descanso, salas de reuniones. Los espacios, aprovechados hasta el extremo, además se comparten o se utilizan alternativamente. Cada instrumento de a bordo tiene más de una misión. Un mismo instrumento, o sus componentes, tiene varias aplicaciones. Así la pantalla de un televisor puede utilizarse en un ordenador, en caso de avería de éste.

Su funcionamiento se puede explicar de forma sencilla; pero no le aconsejo que haga uno y se lance al mar con él. Hay mucha tecnología y muchas horas de trabajo tras esa aparente simplicidad.

Aquello lo mueven un grupo reducido de personas, bastantes menos de las que cabría esperar. Todas están en la cadena de valor, no hay indirectos, ni staff. El trabajo en equipo no es una opción, es una necesidad. Cada uno depende del resto. En caso necesario cualquiera ejerce cualquier función. Saben que no pueden contar con ayuda externa, han de ser autosuficientes.

 En la economía real están apareciendo submarinos en las pantallas. Desde el radar del Instituto de Investigación Aplicada a la Pyme se observan nuevas tendencias muy interesantes, enmarcadas en un dato empírico muy significativo, y es que la tendencia de los últimos años se ha invertido: crece el porcentaje de estudiantes universitarios que quieren ser empresarios y disminuye, de forma significativa,   el de los que aspiran a ser funcionarios.

Algunas de estas empresas están dando ya sus primeros pasos. No en el garaje de su casa –como en las leyendas estadounidenses- sino en el comedor del piso en el que viven o en el trastero, que es también oficina, sala de reuniones y zona de trabajo y almacén. La tecnología la integran su teléfono móvil y su ordenador o tablet, los mismos que venía usando antes. Para las tareas de apoyo se recurre a familiares y amigos. Se utiliza la economía de trueque (“tú me diseñas la web y yo, a cambio, te llevo los temas fiscales”). Cada vez más se recurre a  amigos, o al crowfunding, para conseguir financiación, que suele ser muy ajustada.

Conozco de cerca una de estas empresas: sirve desayunos a domicilio. Si alguien quiere hacer un regalo distinto, en lugar de un ramo de flores envía un desayuno. ¿Cómo?, usted entra en la web de la empresa, selecciona un  tipo de desayuno, indica una dirección de envío y hora, paga, y a la hora solicitada la persona recibirá en su casa una agradable sorpresa.

Sencillo, en apariencia; pero detrás hay muchas horas de análisis de costes, planteamiento  de operaciones, selección de proveedores, aprovisionamiento, diseño de cajas, plan de  comunicación, previsiones de tesorería, logística, creación de imagen de marca y muchas cosas más. Y en permanente proceso de innovación. La inversión ha sido corta; la infraestructura se sitúa en su casa; como en los submarinos,  los elementos técnicos y las funciones son polivalentes. La sala de reuniones es la mesa del comedor y, si hay cuellos de botella en el reparto, son ellos mismos los que reparten.

Aunque las perspectivas son buenas y el arranque prometedor no me atrevería a garantizar ya  el éxito a medio o largo plazo de este proyecto. El tiempo dirá. Pero si el proyecto no cuajara, la inversión ha sido corta y la estructura de costes fijos prácticamente inexistente, de forma que, para liquidar la empresa, sólo necesitarían invitar  a los amigos a una merienda, para acabar existencias y, con la experiencia acumulada, intentar otro proyecto.

La combinación de elementos siempre es la misma: unos conocimientos básicos de gestión de empresas; una idea inicial; mucho trabajo (meses) hasta desarrollar la idea por completo; nada de inversiones innecesarias; trabajo en equipo y  no tener miedo al fracaso.

Son las empresas que vienen; pero no se engañen,  hay que trabajar  muy duro para conseguir esa aparente simplicidad, como en los submarinos.

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