BODAS DE ORO

La historia de la vida de cada uno no la conforman capítulos aislados, no es una relación de momentos, alegres o tristes,  que se van sucediendo, porque hay una persona, consciente y libre, que permanece en los cambios, en cada uno de esos momentos. Esa conciencia de sí nos permite llegar a poseer nuestro pasado  y proyectar nuestro futuro. Una  historia que va creando cada uno desde su libertad, su trabajo y su esfuerzo, lo que da  una especial consistencia, o inconsistencia, a cada biografíapencer, murió hace poco tiempo.


La celebración de las bodas de oro en un matrimonio es momento de recapitulación. Noviazgo, boda, la alegría del primer hijo, disgustos, crisis, alegrías, rutinas, fidelidad. Algunas historias que se interrumpen, otras que llegan hasta las bodas de oro, o más. Hace unos días me fijé en un matrimonio muy mayor que paseaba. El marido pasaba a su brazo sobre  el hombro de la mujer, en un gesto que era al mismo tiempo de protección a ella y apoyo de sí mismo, como sin duda habría sido durante muchos años. El sol les daba en la cara, acentuando las arrugas ganadas en años de vivir para los demás. Los dos juntos, sonriendo y mirando hacia adelante, iban despacio, con la cadencia de un paso de misterio: ¡Venga de frente!  Todo muy amable y bucólico, pero seguro que esa era la síntesis de años de un trabajo en equipo en el que sin duda tuvo que haber de todo: acuerdos y diferencias, momentos buenos y tragos muy amargos; pero siempre sobre una base de lealtad y apoyo mutuo, volcados en la consecución de un objetivo común. Detrás había  mucho esfuerzo personal, precisamente el que se reflejaba en sus sonrisas.

Una situación parecida se repite en la entrega del diploma o distintivo a los hermanos que cumplen cincuenta años en la hermandad. Detrás de cada uno de esos reconocimientos hay muchos momentos ilusionantes: primera salida, de la mano de un padre que te ajusta  continuamente el capirote para que no pierdas el camino, una madre que nunca termina de ajustarte la cola. Adolescencia,  alejamientos. Volver a salir de nazareno, esta vez acompañado de tu hijo. A lo mejor el paso por una junta de gobierno, discusiones, la cuerda se tensa, con la certeza de que no se rompe. Al final el reencuentro gozoso. No son fotos de un álbum de recuerdos, es un tejido hecho de renuncias, desencuentros, buenos y malos ratos.

En la entrega de la medalla o reconocimiento de los cincuenta años caemos en la cuenta de que el hilo que engarza toda nuestra vida es la hermandad, aún cuando no le hayamos dedicado mucha atención. Hemos sido como  esos niños que corren y juegan a su aire, creyéndose autónomos, mientras sus padres están pendientes, sin que se ellos se dieran cuenta.

Todas las hermandades guardan en el archivo de su memoria historias de hermanos que, después de una vida complicada,  vuelven,  o se acercan por primera vez, a su hermandad, aquella en la que su padre, o abuelo, lo inscribió cuando nació y que luego olvidó. Y muchas más historias sencillas en las que, en esos momentos de recapitulación, uno adquiere conciencia de lo que la hermandad ha significado en su vida.

No son historias sensibleras, es la vida real. Merece la pena esforzarse en dar unidad  a la historia de nuestra vida injertándola en la de la hermandad. Escribir cada día una página de nuestro  romance épico, sin esperar a las bodas de oro.

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