DESCENTRADOS

No deja de ser un convencionalismo que cada día uno de enero demos  comienzo a un nuevo año. Es el momento de hacer  buenos propósitos que casi  nunca se cumplen: dejar de fumar, ir al gimnasio, aprender inglés… y así hasta el año que viene en que volveremos a plantear los mismos propósitos


El  comienzo de año es una ocasión excelente para proponernos nuevas metas, en la seguridad de que casi ninguna se alcanzará por completo, va con la condición humana, pero renovando esfuerzos y estrenando ilusión.

A lo mejor es un buen momento para intentar «descentrarse», es decir: dejar de ser uno el centro de sí mismo para centrarse en los demás.

Explicaba San Juan Pablo II que «amar es esencialmente entregarse a los demás. Lejos de ser una inclinación instintiva, el amor es una decisión consciente de la voluntad de ir hacia los otros. Para poder amar de verdad conviene desprenderse de todas las cosas y, sobre todo, de uno mismo, dar gratuitamente… Esta desposesión de uno mismo (…) es fuente de equilibrio. Es el secreto de la felicidad».

No es una tendencia espontánea, lo espontáneo es replegarse sobre  sí. Exige esfuerzo para identificar en qué podemos ser útiles a quienes conviven y trabajan con nosotros, qué necesitan. El egoísta, que pasa el día lejos de Dios, solo se da cuenta de sus propias necesidades y de sus caprichos.

El comienzo de año es un convencionalismo, ya lo sabemos; pero es una buena ocasión para proponernos estar centrados en los demás ¡aunque el año que viene tengamos que volver a intentarlo!

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